Otra noche de insomnio. Otra noche de locura. Las hojas
yacían inertes por toda la habitación tal cementerio y su cabeza quería
explotar. Nunca pudo entenderlo, parecía tan fácil. Sus amigos, su padre y su
hermano. El muy maldito. Él y sus personajes. Desde niños se veía abajo,
siempre abajo. Era aquello un atrofio de la
naturaleza, ¡contradecía la razón misma!, no podía concebir que por idioteces, quien orinaba su cama todas las noches fuera tapa
de diarios y vistiera aquel traje nuevo y tuviera aquella mujer tan linda y una
familia. Lo que él nunca pudo, ¿será que en realidad nunca se lo propuso?. No importaba, quería destruir el suelo sin saber siquiera su propósito. Quería quemar el sol. Todo por su
estúpido libro, maldito libro. No era tan bueno, nunca tan bueno.
Realmente enorme, de verdad.
ResponderEliminarMarcos