-Entonces claro, dice Jaime con esa voz media electrónica y sintetizada. Entonces claro: ¿que?, ¿era obvio que todo iba a terminar así?, ¿que iba a ser como es?, ¿que vas a seguir doliendo otro poco?.-
Las preguntas disparan esa estupidez media ciega, inaudita. Esas ganas de llenar el tiempo que aún no viene con cosas que aún no pasan, ni de seguro pasen, porque siempre todo termina al revés, en otro idioma, en otra playa.
Vivís en el pecho como una tranquilidad que ya no se conoce, que supo ser si misma, y ahora no se encuentra, se rompió. De a ratos ya no importa, de a ratos ya no sirve, de a ratos da un poco de consuelo, por lo menos hasta que vuelva a verte. Alguna vez varios vasos quisieron callar tu voz, y no podían, no conseguían hacer nada, hasta que volvía por esas mismas calles, en las que hoy después de años hay sólo un auto de diferencia, para llegar y sangrarte.
Cansa a veces. Este ir y venir, esto de mirar atrás de cristales, porque mucha luz tanto tiempo encandila. Esto de no saber quien está y quien no, de pensar que te escapas un poco, igual que yo algún tiempo. Cansa esto y dan ganas de apretar los dientes, cerrar las manos y cantar hasta que se rompa el cielo y se abra con esa solución mágica y temporal, que salve el momento, y me salve a mí de vos, o de lo que sea.
-Tanto apuro por ir a manejar un poco en Montevideo, en este día que se hace gris y ventoso. Que no tiene nada que ver con el frío seco aquel donde allá estás.-
Cansa un poco ya tanto hablarte, que las manos se sienten y sólo quieran nombrarte. Se les ha hecho costumbre supongo, aunque me cueste un poco admitir que es eso lo que les sale ahora, y por ahí algo entreverado de lo que pueda pasar, pero vos en la base, en la columna. En el sentir. Porque es eso, siento. Y eso suele cansar un poco. Tanta cosa sentir para que al final sólo sea la realidad la dueña, que a veces es fría y lastima, que una vez nos vio tan cerca y sin vernos.
Mentías, mentiste. Y nadie es quien para saber si con razón o no, tu miedo. Ahora me acuerdo que apenas llegué a este cuarto, que solía ser mío, saqué ese espejo tan grande que inundaba las paredes.
Sólo me sentaría un día a veces a preguntarte que queres, que buscas, que haces yendo y viniendo, teniéndome así. Algún día vas a dejar de estar pendiente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
"Póngase sereno, y apunte bien Usted. Dispara, cobarde, que solamente vas a matar a un hombre." Ernesto Guevara