Que quizá terminara escribiendo de vos, me dije. Y saqué cuentas de cuantas veces apareciste en mi día, en cualquier forma. Me baje de esa hamaca en la que me mecía y volvía escuchando que el mar se lleva penas para no devolverlas más. Pensar en el mar es pensar en vos, como casi cualquier otra cosa. Un español gritaba -ole- en mi oído por que el tiempo compartido y por echar a alguien de menos, gritaba -ole- por besos y abrazos de furor, yo te vengo sacando, casi como a mi. Con música, noche, vino y candombe, que hoy hasta un poco fue involuntario y de regalo. Vengo pensando en que me siento extraño entre otras manos, tocando otra piel. En que quizá ya de a poco no piense más en que es Domingo y adivinar que estarás haciendo, llevar mi mente a otro lugar en el mismo tiempo y tener la certeza de saber que estás respirando.
Bajé el volumen de la televisión que me aturdía, y yo ni siquiera estaba mirando, sólo pasé por la cocina y lo tuve que hacer. Ya no puedo ni prender esa caja negra de luces y ruidos, de gente que habla y habla y habla, y todos tienen la verdad. Me la venden con una sonrisa y ropa que dicen es elegante. Matan la razón.
Me acuerdo de que hace dos noches salí riendo con la luna de mi lado, escucho la lluvia y me acuerdo de como el sonido de una gotera en una chapa nos supo marcar el ritmo, mientras vos me enloquecías con tu vaivén. Incesante. Me acuerdo y caigo de que va a ser de a poco que vos ya no me duelas tanto, que vos me peses en las piernas y no me faltes en las manos.
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"Póngase sereno, y apunte bien Usted. Dispara, cobarde, que solamente vas a matar a un hombre." Ernesto Guevara