martes, 20 de mayo de 2014

Reflexiones de un cuarto frío y un cuerpo indignado.

Que es esta sociedad?, que es esta ironía?, donde reina la injusticia, donde siempre hay un rey, que puede más que nosotros. Nosotros, que amamos, queremos, sentimos y tocamos, a nosotros que sabemos vivir del hambre, si hay amor.

Cual es el modo de vivir?, cual es la vida?, esa de la que tanto hablan, si en realidad es vivir para el otro, para pagar lo que se pueda de culpa, por no hacer lo que manda nuestro pecho, nuestra alegría.
Las preguntas a veces no tienen respuestas, porque no queremos. Somos específicos para apartarnos, y tener miedo. Eso es lo que nos enseñan, el protocolo. Lo más fácil de seguir, dónde todo es efímero e incontinuo, inclusive la felicidad. Eso mismo que da vida, que cura el dolor.

Mirà las cosas que pasan en mi país, en mi ciudad. Viejas, viejos, y mil almas reclaman en la calle, pidiendo memoria, dignidad. ¿Que es esta reclama?, ¿podrían existir acaso?. Existe porque hoy son libres hombres que cargan sangre en sus manos, que tienen gritos de niños en sus sueños cada noche, y duermen tranquilos. Convencidos. De mirada firme y palabras cerradas, convincentes, opresivas. Sin coraje, sin amor. Que culpa tendrán aquellos locos de a haber amado, de haber querido: la mayor culpa que cargan es intentar. Locos del diablo, hijos del suelo y de la tierra pidiendo a gritos que se termine esta locura. Esta humanidad. Esta enajenación que nos tiene pagando todo lo que sea posible, y nos mantiene presa en nuestros cuerpos, vendiendo el tiempo. Ahí están ellos, muertos. Por fríos cañones de metal, que robaban vidas impunes por las calles de la querida y eterna Montevideo. Bajando hacia la rambla desde dieciocho de Julio y la facultad, corrientes de sangre hacia el río, donde con el agua se perdería la justicia, y un cielo rojo tiñó el cielo. Muertes sin tumba, sin cuerpo, con un adiós eterno y doloroso. Un dolor en silencio, que en las noches asecha aquellas almas que hoy viven, y recuerdan. Y todavía pueden reír.

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"Póngase sereno, y apunte bien Usted. Dispara, cobarde, que solamente vas a matar a un hombre." Ernesto Guevara