martes, 15 de julio de 2014

Miércoles dieciséis.

No me digas nada, mejor. Soy yo mismo que a veces me entrevero. Que me encierro en ese laberinto sin salida que no existe. Fui al fuego a que me dé calor, eso que vos me dabas de noche y de día. Te fui a escribir con la mano para matar la distancia. Volví a leer tu nombre por doquier, hojas enteras que te hablan y te rezan. Me volví a acordar de lo rápido que armé la bicicleta para irte a buscar, salí de la terminal con una rueda frenada, luchando contra el viento para volverte a ver. Volví a leer cuando buscaba soluciones y le preguntaba a nadie si sabía algo de vos, si te había visto. Volví a ver las preguntas, los silencios.
Cada cosa que diga puede terminar en un te quiero, hasta de volverte a ver. Aunque a veces me escondo y me hago niño. Ese mismo silencio te pide a gritos que me vengas a buscar. Que vengas vos con todo lo que eras y me hacías ser. Que vuelvas vos para hacernos volar en letras de canciones.

También pensé en ese plan. No sé bien en cual de todos, porque no existen, pero en ese plan que a veces me hago y me agobia. Y decía que algo así son los planes, una forma de matar el destino, ellos hacen que me cuestione cada cosa que hago, porque no se si es lo que correcto para llegar a ese lugar que se ideó. Que se planeaba desde antes. ¿Para que pensar en el después?, si estamos ahora. ¿De que nos sirve regalar tiempo y palabras al futuro?, si no es donde yo estoy.

Y así voy, loco errante, como decía que había vuelto. Cada día es un paso y un destino, cada hora, cada sol.

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"Póngase sereno, y apunte bien Usted. Dispara, cobarde, que solamente vas a matar a un hombre." Ernesto Guevara