sábado, 12 de julio de 2014

no estoy durmiendo

Me gusta llegar y escribir. Es como estar, en letras. Para vos, o cualquiera. Hoy vi a un tipo fumando, montando una motocicleta, en ese momento pensé: los dos echando humo, que conexión perfecta. No hay tal acercamiento del ser en esta sociedad, ya no sé si dos punto cero o que. Hablo con los hermanos y de a ratos se recuerdan, a la salida del bar hoy me despedí de alguien, y me dijo: Hola, como andas. De a poco nos convencen de que el tiempo se mide y nos amolda. De que cada primavera mi piel va a estar más vieja y más cruda, que cada invierno habrá más frío, y que tendré que esconderme en verano del sol. Niegan toda expresión posible del naturalismo. Lo tapan con sintético, con pieles de otros hermanos, y aturdidos compramos para luego dejar tirado esa preciosa adquisición que tanto nos deslumbraba en una vidriera. El sentimiento de vacío sigue estando. Bueno es volver a casa caminando y pasando por aquellos viejos lugares, donde tantas veces pase riendo sólo, cantando una canción. Aún recuerdo el lugar exacto de cada cosa, de cada sensación, ¿o será que de verdad estoy?, como antes. Hoy ya soy el mismo que corría y deliraba bajito tomando siempre los mismos caminos para no pensar por dónde voy, y volar adentro. Caminando por tierra. Hoy me muevo despacio y respiro, me quedo bajo el sol. Hoy me deslumbré en como la luna iluminaba el manillar de mi bicicleta, y no pude dejar de mirarla. Tanto que me haga pensar que cuando termine iré a verla, aunque no sé si eso va a suceder. Seguro que no, que termine extasiado de tanta letra y sólo quiera ir a recostarme, a pensar en ella. Hoy cuando salía la miré y pensé cuantas veces la vimos juntos. Cuantas veces nos iluminó la noche y pintaba el mar con un dulce blanco espuma. No quiero sus miedos, sus idiomas, sus reglas. Hoy un viejo hacedor de candombe no reconocía sus manos. Se iba amoldando al paso de lo que alguna vez supo ser su esencia. Yo quiero esa mirada que me lleva al viento y esas manos que me saben hablar. Esos dedos que recorren mi espalda y me hablan desde lo más profundo. Ese suave lenguaje que sólo entendemos vos y yo. No me aprietes con las espadas. Ya demasiado hacen ellos que hasta nos dicen cómo hay que ser, que hay que vestirse para sentirse bien y a tono.  Ya demasiado ellos ponen las reglas de ortografía, y me dicen como tengo que expresarte lo que siento, si hasta las palabras quedan chicas. Hay acá adentro un centro de fuego en el medio del pecho que te quiere a vos. A todos, a todo. Que quiere despertar cada día y ver la luz por la ventana, y sentir cuando el sol da en la piel, y brilla.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

"Póngase sereno, y apunte bien Usted. Dispara, cobarde, que solamente vas a matar a un hombre." Ernesto Guevara