Me gusta llegar y escribir. Es como estar, en letras. Para
vos, o cualquiera. Hoy vi a un tipo fumando, montando una motocicleta, en ese
momento pensé: los dos echando humo, que conexión perfecta. No hay tal
acercamiento del ser en esta sociedad, ya no sé si dos punto cero o que. Hablo
con los hermanos y de a ratos se recuerdan, a la salida del bar hoy me despedí
de alguien, y me dijo: Hola, como andas. De a poco nos convencen de que el
tiempo se mide y nos amolda. De que cada primavera mi piel va a estar más vieja
y más cruda, que cada invierno habrá más frío, y que tendré que esconderme en
verano del sol. Niegan toda expresión posible del naturalismo. Lo tapan con
sintético, con pieles de otros hermanos, y aturdidos compramos para luego dejar
tirado esa preciosa adquisición que tanto nos deslumbraba en una vidriera. El
sentimiento de vacío sigue estando. Bueno es volver a casa caminando y pasando
por aquellos viejos lugares, donde tantas veces pase riendo sólo, cantando una
canción. Aún recuerdo el lugar exacto de cada cosa, de cada sensación, ¿o será
que de verdad estoy?, como antes. Hoy ya soy el mismo que corría y deliraba
bajito tomando siempre los mismos caminos para no pensar por dónde voy, y volar
adentro. Caminando por tierra. Hoy me muevo despacio y respiro, me quedo bajo
el sol. Hoy me deslumbré en como la luna iluminaba el manillar de mi bicicleta,
y no pude dejar de mirarla. Tanto que me haga pensar que cuando termine iré a
verla, aunque no sé si eso va a suceder. Seguro que no, que termine extasiado
de tanta letra y sólo quiera ir a recostarme, a pensar en ella. Hoy cuando
salía la miré y pensé cuantas veces la vimos juntos. Cuantas veces nos iluminó
la noche y pintaba el mar con un dulce blanco espuma. No quiero sus miedos, sus
idiomas, sus reglas. Hoy un viejo hacedor de candombe no reconocía sus manos.
Se iba amoldando al paso de lo que alguna vez supo ser su esencia. Yo quiero
esa mirada que me lleva al viento y esas manos que me saben hablar. Esos dedos
que recorren mi espalda y me hablan desde lo más profundo. Ese suave lenguaje
que sólo entendemos vos y yo. No me aprietes con las espadas. Ya demasiado
hacen ellos que hasta nos dicen cómo hay que ser, que hay que vestirse para
sentirse bien y a tono. Ya demasiado
ellos ponen las reglas de ortografía, y me dicen como tengo que expresarte lo
que siento, si hasta las palabras quedan chicas. Hay acá adentro un centro de
fuego en el medio del pecho que te quiere a vos. A todos, a todo. Que quiere
despertar cada día y ver la luz por la ventana, y sentir cuando el sol da en la
piel, y brilla.
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"Póngase sereno, y apunte bien Usted. Dispara, cobarde, que solamente vas a matar a un hombre." Ernesto Guevara