Apareciste. De mirada corta y precisa. Tal como te soñé anoche, y como te pensé hoy mientras corría. A la luz del sol tirado en la vía, a kilómetros de la gente y el ruido. Desde que me levante ya estabas, y cuando volvía pensaba en si te iba a escribir, si eso iba a servir de algo, para sacarme este nudo en el pecho, esta traba en la garganta. Y apareciste, tal dije al principio. Yo no sé que va a ser de mí ni de vos. Yo no se que va a ser del día de mañana que no ha llegado, ni de el próximo rato que no viví. Yo a veces simplemente no sé que hacer con las cosas, y lo sabes. Tan cierto como lo que fuimos. Sabes que improviso en cada paso y que de a ratos me escondo, cuando no sé que hacer. Cuando no parece que no encuentro la salida que siempre, de alguna manera, tarde o temprano, aparece. Como vos.
Voy a seguir de esta verborrea. Voy a seguir sangrando escribiendo a mano o en teclas, quizá para poderte ver. Y al fin sentirte de nuevo, si es que para eso estamos, si es que mis ojos vuelven a reconocerte, y mis manos a sentir las tuyas. Capaz sea sólo otra ilusión, como aquella vez que volví y no estabas. Cinco días de barco, y cuatro de ómnibus, una desesperación cantante, que no me dejaba dormir, para llegar y perderte. A vos y a mí. Dos días me quedé al costado de la ruta, en una casa abandonada a ver si podría entender algo.
Esta historia se hace viviendo, tal como todo.
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"Póngase sereno, y apunte bien Usted. Dispara, cobarde, que solamente vas a matar a un hombre." Ernesto Guevara