domingo, 3 de agosto de 2014

de una imagen de costado y de rebote, que sólo pude ver cuatro segundos

Te vi, en una foto, y de costado. Casi pude sentirte. A vos, tu pelo, tus ojos y tus manos. Tu aroma. Casi pude tenerte en frente y escuchar tu voz, como reías. Tuve que salir, casi corriendo. El pecho empezaba a abrirse y el corazón a latir más lento. Me dieron ganas de cerrar la ventana y acostarme a escuchar la lluvia caer. Nada más. A sentarme o hacer algo que te saque, como voy a hacer ahora.

No sirve de nada hacerse preguntas, hilvanar ideas o cosas que pudieron ser. Ni siquiera pensar que salió mal. Porque ya no importa, no sirve. Es negocio estar acá y ahora, como estoy.

Hay cosas que sólo puedo decir con tu nombre, que no me atrevo ni a escucharlo, ni decirlo. Hay cosas que sólo puedo decir cuando después de la coma y una breve pausa escribo esas cinco letras que juntas te hacen a vos en el papel, toda tu idea, todo tu encanto, tu magia. Cinco letras que me dieron todo y me abrieron las puertas a un mundo nuevo, y vos lo sabes.

Yo andaba mirando y apareciste, de la nada. Como aquella noche que entraste caminando por la cocina de aquel bar y lo primero que hice fue hacerte reír, casi sentenciando lo que iba a hacer el tiempo de nosotros, y lo que se iba a convertir en lo mejor que me salía: hacerte bien, quererte a vos y a mi en el mismo gesto. Mirarte.

Hay penas que se clavan en el pecho y otras que pesan en la espalda. Hay otras que se cargan en las piernas y otras que se esparcen por todos lados, que inundan la habitación o nos trancan el paso. Ya de alguna manera voy a salir. Mientras tanto que salga de mis manos y mis dedos lo que quiera, hasta que un día ya no aparezcas más, o por lo menos no tanto, y me alivies un poco el rato, aunque no estés.

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"Póngase sereno, y apunte bien Usted. Dispara, cobarde, que solamente vas a matar a un hombre." Ernesto Guevara