Tuve que volver a leer lo que hablamos, ayer y hoy. Lo mismo que levantarme para buscar los lentes, van dos veces ya. Quizá también tenga que mirar que ha salido de estos dedos estos últimos días.
Dos días de fiebre: vino y garganta al viento, manos que repican y tocan por todos lados. Ayer en ese bar pedí fernet para volver a sentirme allá, y vinieron dos del cielo, junto a una garganta que se erizaba en altos agudos y dos ojos con barba que me miraban, que con su voz me pedían que no guarde ese bicho, hablando de mi tambor, para tocar alguna otra canción más, después de diez.
Que hoy podías estar bien sola me dijiste, y me quedó picando acá adentro. No sé muy bien como interpretarlo, o si quiero hacerlo en realidad. Ni siquiera paro a pensarlo un poco, por las dudas a que duela, como se me hace costumbre a veces con vos.
Para otro era el sábado, para mí es la noche cuando duele recordarte más. Porque era aquel espacio donde supimos vernos constante y firme, cada día. Porque se muy bien como te mueves y tus suspiros, y se me viene eso de querer que sean sólo míos, sin que me atrapen, y me dejen andar.
A veces es mucho pedir, o en realidad pedir cosas que no son compatibles. Es pedir todo lo que me parece que quiero ahora, para saber si lo quiero o no en realidad.
Estas cuestiones tan humanas y de tan poco individuo. Va a ser mejor respirar y nada más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
"Póngase sereno, y apunte bien Usted. Dispara, cobarde, que solamente vas a matar a un hombre." Ernesto Guevara