Capaz que es eso, sólo. Aunque sean un par de desesperados que se enloquecen por sentir, y no cargarse. Yo no sé. Si lo que quiero es seguir caminando, y andar, tener la certeza de que no me equivoco. Y todavía no me puedo acordar de esa canción entre tantas que se hizo ayer en un mostrador, que al ir andando dije que era una más para decir.
Ahí está en una caja ese individual con tu nombre. Quieto y enredado entre mil hojas y varios cuadernos, junto a otro que se queda.
Un acordeón se mueve a ritmo electrónico, lere lele lere lelelele.
Ya tengo ese pasaje a Buenos Aires, y alguna melodía que se va a ir arrimando. Deseos de buena suerte, la panza llena, el pecho abierto, ardiendo y ese temblor, de que vas a estar y no sé que pasa.
Vengo recordando que ya sé perder, que doscientos monos hay en mi ventana, y algunos se ríen de mi. Cuantas flores y un papel, que milagros ya se fue, duele un poco más y más saber que milagros ya no estará. Esa canción que hice candombe, como tantas otras hoy, y ayer, y pasado. Y mañana, carajo. Ese holor a humo denso y de niebla, ese frescor en la garganta y en el tacto me dicen que te voy a volver a ver, y que quiero ser yo, porque sino no sirve, ni a vos ni a mi.
Par de desesperados, esa frase quedo. Es que somos un par, que se desesperan de no saber, de esa pregunta de que porque volvés tan temprano a tu casa, sabiendo que no vas a dormir. Ahí hoy me decís uno, que cantar era lo tuyo, o lo mío, y si. Esa botella que llevo tanta vida líquida, ese lugarcito donde todo resuena, y retumba, y vuelve. La mano de un viajo amigo letrista, de un pirón de colores, que escribía de árboles y montes sin raíz.
Suena ese tango, porteño. La traición en carne viva, y hoy me cantaron otro. Tose, raspa. Es tanto dolor en el cuerpo que te hace gemir, gritar.
Con ese brillo involuntario que atropella. Besaste las penas y al pasar, se alimento de historias para decir. Puto desencuentro que armó el trono, de la desidia, del no saber. Del andar evitando nombres y miradas, razones de ser y sentir.
Hay que volver a veces, dejar ese lugar para reír, si hay que salir. De que otra manera puedo reir o buscarte, si es que no sé ni se entrega. Si es que ando sólo de a veces, y de a ratos con miles, que a veces soy solo yo, y mi forma. Me piden que me calle a veces, de a ratos me dicen que es ego y yo sólo quiero ser, porque al final si no soy yo es otro, y justo en ese momento se me ocurre que puedo ser yo, y expongo, como esa misma vez que tanto escuché a ese que hablaba, y le di la razón asintiendo, sintiendo, de anormal.
Hay un par de miradas que vuelan, que dicen, ojos que hablan y que me miran ser, me descrubren, y yo tengo tanta cosa por hacer, tanto lío.
Ellos dos, riendo a carcajadas. Ellos dos, le ganaron al mundo.
Se va Montevideo, chau adiós Uruguay, tus bondis, tus plazas, tu gente desmorrugando, tus mates y tus -bo-. Chau adiós a tus rumbos y tus flechas, a tus calles de nombres distintos por ser del otro lado, a tus rinconcitos de sol.
Familias, fronteras, responsabilidades, poesa, prisiones.
Se va de este pequeño lugar de lenguaje numérico esta existencia a volver en papel, a dejar el veneno sobre ese árbol muerto que mate para vivir, hasta que aprenda a vivir yo solo, y del aire.
Ellos ya son libres, y le ganaron al mundo.