Días de sol y la garganta arde. Montevideo, justo hoy pensaba, tenes -eme- de mujer y palacio de reyes. Tenes una plaza en el medio del calvario empresarial, que se siente vacía y en silencio. Un tipo con un caballo grande mirando no se a dónde, allá a lo lejos. Hoy ahí donde estuvimos con ocho tipos tocando sin conocernos. La música callejera me ha llevado a lugares inhóspitos y radiantes, a estar bajo el sol todo el día, como debe ser, como más me gusta.
Tenes un estadio al que ayer volví, y de imprevisto. Rogábamos el auto arranque para ir a ese partido que no era más que volver los dos. Sentados en tribuna ajena que nos hizo sentir raros, que nos hizo reir y vivir de otra forma el partido, que hasta tuvo dos gritos de gol. Peñarol, Peñarol. Son como dos cosas las que se viven, o la cancha, o la gente -dije-, y Bruno asintió. Es que es cierto, cuando hay veces que uno se va en habla y desde adentro Peñarol te pide que estés con él en el partido, y lo acompañes, y le des fuerza. Eso que hicimos aquella vez bajo la lluvia, y eramos cuarenta en total. Esa extraña parceria que se arma con los de al lado, que estamos todos. Por más que de a ratos nos sentíamos fríos en ese lugar a dónde nunca llega el sol. Nosotros estábamos del otro lado, a pleno. Ni al terminar el sol se iba, se quedaba para verte un rato más jugar, y saludarte, para que vuelvas radiante y hermoso como aquella vez, aquel domingo.
Es jueves y Montevideo se siente. Parece que quiere lluvia pero no importa. No da. Montevideo es el lugar para estar hoy y ahora. Y Leo Masliah toca gratis en algún lado, por más que nunca lo escuche, hoy voy a eso.
Montevideo siempre está quieta allá en el sur, leí en un bondi que dijo Mario.
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