Asentí casi sin querer ahora que fui a escucharme. Un poco. El sol dejó su rastro, y vos parece que te escondes. Martín -el vieja- me pidió un tango y fuimos hilvanando de a dos la letra, sacando el dolor y gritando que creer en la moral y en la honradez es una estupidez. Que desencuentro con la fe.
Quisiste con ternura y el amor te devoró de atrás, hasta el riñón, una de esas veces que te siento en canciones.
Hay una máquina trabajando despacito. Adentro siento los engranajes y como se mueve al compás de esta voz de las islas vírgenes que ahora escucho.
Me costó dos veces escribir vieja, porque salía viaje. Alterar el orden de dos letras a veces puede ser más complicado de lo que parece. Alterar el orden por simple hecho. Por eso es que a veces no sé que hacer con vos, como manejarlo.
Defender la alegría, como en una trinchera, dice Mario. De la rutina y de vaya a saber cuanta otra cosa, que motivos sobran para defender eso que alimenta. Un poco de amor francés, no muerde no.
La historia nunca va a ser simple, menos ahora en este y tan poco intervalo de tiempo. Y digo corto porque siempre el tiempo es eso que no sabemos medir, eso que vos te hacías idea de meses, y terminó siendo menos, ¿que más voy a decirte?. No se si quiera escribir de lo que vos me dabas, hay tantas letras y tanta palabra junta que podría estar horas, meses quizá, dejando un poco de toda esa vida que nos dimos entre los dos.
Hoy me haces amagues, miro de reojo, y sigo sabiendo que estás escondida.
O podría empezar a suponer que sólo soy yo que voy creando realidades con canción. Que allá bajo el mismo sol vos no tenes idea ni te importa lo que pueda pasar un poco más abajo al sur, donde estoy hoy.
Psicodélica mujer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
"Póngase sereno, y apunte bien Usted. Dispara, cobarde, que solamente vas a matar a un hombre." Ernesto Guevara