viernes, 15 de agosto de 2014

Hoy la fui estirando. La diez, diez y media, once menos cuarto. Salí meditabundo sin pensar en nada. Hice un desayuno, nos dimos un poco de amor con mi madre, que me preguntó que necesidad tenía de volver a salir,  y me quedé al sol, un rato largo. Me llené de calor y de fuerza para que hoy sea otro día como tenga que ser, como sea que vaya a venir, y yo estar listo, preparado.

Ayer, hoy a la madrugada, escuché al enano diciendo que alguien supo decirle que cada vez que se sentara a escribir valiera la pena, mientras ahora pienso que no es en lo que se dice, sino en la intención, en lo que se hace, que es sacar esas voces que deambulan acá adentro, a veces de sacarte a vos, que hoy ya llevo tres veces mirando tu nombre y esperando ese color rojo en la esquina de arriba, que me dice que a lo mejor me escribiste. En sacar esas frases que cuando me acuesto aparecen y tienen una rima asombrosa y una perfecta armonía, que después me olvido y aparecen de vez en cuando, de variada forma.

Tengo una sensación, quizá la misma de aquella vez que tuve en Manaus, que fue cierta. Y después de bajar media América hasta el sur comprobé, te habías ido, te vi y no estabas. No llegamos a sentirnos ni un poco, no servía ni un abrazo ni nada, y yo intentando escribir de mi llegada y la magia de aquel silencio que yo creía había parado el mundo, mentira. Pura mentira.
  No sé si ya me importe hacerme cargo. Ahora me decía que quizá a veces me escondo atrás de cosas a las que nunca me obligan, y yo me auto-impongo. Que cosa esta la de hablarse tanto, desde adentro, con verdad. Esto de sentarse a que fluya sin saber bien que decir, sin que me importa si a alguien le interesa, sin que me importe nada, en realidad.

Apenas me levanté me dije que hoy iba a ser noche de bar, y sonreí. Hay en eso un pequeño destello de luz para la noche, que nunca es fría cuando quiero, aunque ya no tenga tu calor ni tu cuerpo. Aunque ahora ya no intente sentirte cerca cuando me acuesto. No me olvido de aquella vez que te vi dormir y sonreías, y yo sin poder dormirme de la desazón y la locura, de saber que estabas durmiendo a mi lado y no te reconocía ni un poco. Nada.

Nada vaga, había un poema que escribí hace años. Y hasta acá me aguanté.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

"Póngase sereno, y apunte bien Usted. Dispara, cobarde, que solamente vas a matar a un hombre." Ernesto Guevara